Reflexiones de un profesor de ELE

Reflexiones de un profesor de ELE

Creo que la enseñanza de una lengua extranjera debe fundamentarse en las necesidades de los alumnos, en el uso que tienen que hacer del sistema lingüístico para afrontar sus realidades inmediatas. Desde esta perspectiva comunicativa supongo que la enseñanza de la lengua no debe limitarse a su sistema formal exclusivamente, sino a que el alumno adquiera las destrezas comunicativas necesarias para desenvolverse en la vida real. ¿Para que estudiamos un idioma? Para hablar, claro, – ¿qué pregunta más tonta? – pero, si no alimentamos nuestros conocimientos lingüísticos de forma constante y consciente, el idioma se muere lentamente dentro de nosotros, porque es un ser vivo que no puede mantenerse sin su ración diaria para hablar, escuchar, ineractuar, escribir, leer… Si solo estudiamos un idioma haciendo ejercicios tipo test y penalizando cualquier error, el idioma se muere lentamente… Por eso, en la mayoría de los casos, cuando un estudiante sale de la ESO, su idioma extranjero está casi muerto, porque le han estado dando una paliza tremenda, y durante tantos años … que el pobre nació muerto…

Como otras tantas profesiones relacionadas con la enseñanza, la de profesor de lengua extranjera es, sin duda, una de las más complicadas desde todos los puntos de vista.  Si es que se trata de dar clases de lengua extranjera de verdad, con pasón, con rigor, enseñando a aprender y aprendiendo a enseñar… Si se trata de un profesor de ELE, la función no cambia, es lo mismo, aunque estés en España y tus alumnos estén en España. La función del profesor no se limita a ser un mero transmisor de conocimientos académicos, sino que, entre otras muchas funciones, al profesor le corresponde:

– Ser un mediador sociocultural de la sociedad en la que conviven los estudiantes.

– Favorecer los vínculos con hablantes nativos para que su aprendizaje sea lo más efectivo posible.

– Facilitar el aprendizaje, adaptarse a las necesidades de los alumnos y del contexto de enseñanza, y mediar entre los alumnos y la lengua que quieren aprender.

– Intentar crear un clima relajado y motivador para conseguir que los alumnos disfruten con lo que hacen en clase, para que todo parezca natural y espontáneo, pero, que siga un guión premeditado.

– Crear un ambiente de cooperación en el aula y facilitar las relaciones internas para que exista un ambiente de colaboración dentro del grupo.

– Tratar de ser flexible y estar pendiente de las actitudes de los alumnos para modificar o adaptar cualquier aspecto del programa o de su propio comportamiento en función de las características del grupo.

– Desarrollar estrategias de enseñanza a partir de la observación de lo que ocurre en clase y nunca seguir lo que te dicta el libro de texto.

– Ocuparse de desarrollar los procesos de motivación de autoaprendizaje y de capacitación.

– Tomar decisiones respecto a las dinámicas del grupo más adecuadas en cada momento.

– Ofrecer propuestas que desarrollen la autonomía del alumnado…

Eso, y mucho más… Te preguntas a veces por las razones de ese nivel tan bajo que tenemos en los colegios, que tanto estudiar y no aprender nada, ¿ por qué?

  Porque no se dan las circunstancias arriba mencionadas, y porque los que están en el ministerio poco o nada tienen que ver con la enseñanza de idiomas… ¿Cuándo cambiaremos el escenario y las bambalinas?

proferuso@yandex.ru                                 Georgy Kuznetsov, profesor de ELE y de ruso ©

 Georgy Kuznetsov, profesor de ELE y de ruso ©

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